En las películas, al morir una persona, hacen como una proyección de toda su vida en pocos segundos. A mí no me vuelven a engañar, he experimentado varias veces esto de estar al borde de la muerte y nunca me pasó algo así.
Ahora sólo estoy en una estúpida cama de hospital, y la voz sigue conmigo.
Abro los ojos lentamente, encontrándome solo en la habitación.
Mi abdomen sigue doliendo brutalmente. Empiezo a toser, oigo como la puerta de la habitación se abre, no puedo dejar de toser.
—Tienes que devolverlo todo, sigue tosiendo aunque te duela. Vamos.—oigo una voz femenina que no conozco. Me da un cubo.—Inclínate.—lo hago y agarro el cubo bien.
Noto algo peor que la bilis en mi boca, toso de nuevo y me viene todo de golpe. Las lágrimas se me saltan con facilidad y cae todo lo que devolví en el cubo. Mi tos cesa, pero me entran ganas de vomitar al oler lo que antes devolví. Sangre podrida.
Vomito en el cubo sin poder aguantarlo, haciendo que el abdomen y por dentro de la herida me duela, como si me estuviera quemando.
Me acomodo en la cama, pero me duele mucho.
—Toma.—la enfermera me da un vaso de agua. Niego con la cabeza y asiente, saliendo de la habitación.
Suspiro y cierro los ojos por un momento. Los vuelvo a abrir y veo a Jack mirándome desde el pie de la cama.
Y ya sé lo que me va a decir: "Es la 8ª vez que lo intentas, por qué."
—Me voy a trabajar, luego vengo a ver cómo estás. Mientras se quedará Heather contigo.—y se va.
Frunzo mi ceño y trago saliva.
Se oyen unos tacones y Heather entra en la habitación, cerrando la puerta.
Canción.
Me mira y suspira, viene hacia mí con un paso ligero y al llegar a mí, me da un beso en la frente.
—Me asusté mucho.—murmura, sentándose en la cama, a un lado.—Llevabas como 4 días en estado crítico, no sabíamos si ibas a sobrevivir, sabes.—suelta un suspiro.
—Yo no quería hacerlo, dolía como el infierno.—cierro los ojos, recordando los escalofríos y vuelvo a abrirlos.
Hearther me mira fijamente. Cuando se inclina más a mí y me abraza, apoyando su barbilla en mi hombro derecho.
—No sé que habría hecho si te hubiese pasado algo peor.—murmura con un hilo de voz, separándose de mí y sorprendiéndome al ver sus ojos aguados. Mira sus manos, veo como muerde su labio inferior y frunce su ceño. Pequeñas lágrimas resbalan por sus mejillas, el pecho se me contrae por completo.—No quiero perder a otra persona, y mucho menos a ti.—me mira y al ser tan blanca, sus mejillas y nariz se vuelven de un color rojizo precioso.
—Lo siento.—murmuro. Niega con la cabeza y sin más, me abraza.
—No lo sientas joder.—dice abrazándome con fuerza.—Tú no tienes culpa de nada cariño.—se separa un poco de mí y besa mi mejilla.—Justin, yo...—se calla y suspira.
Frunzo mi ceño.
—Creo que, verás. Es que, no entiendo qué me está pasando exactamente contigo.—sigue con sus brazos en mis hombros, y su cuerpo pegado al mío.—Es que, creo que me estoy enamorado de ti Justin.—arqueo mis cejas, sorprendido.—Sé que esto no está bien, pero... es lo que siento, o estoy empezando a sentir.—sus pupilas se dilatan. Trago saliva.
Mis tripas empiezan a arder, frunzo mi ceño y poso mi mano en mi abdomen.
—¿Qué ocurre?—se separa de mí y me mira alarmada.
—Me duele, me duele mucho.—el dolor es espantoso, como si me estuviesen quemando.
Se levanta y sale al pasillo, la oigo pedir ayuda. Pero no me preocupo en lo demás, sino en mi abdomen y en las voces que no paran de gritarme una y otra vez "Hasta aquí hijo de puta".
Empiezo a gritar, a retorcerme del dolor y de la rabia.
—¡Heather, Heather!—grito agarrando la sábana de la camilla con fuerza. Entran dos enfermeras y un doctor. Heather no aparece.
—Cálmate. Ponle en el suero un tranquilizante.—el doctor me levanta la bata y mira la herida.—La herida está bien, no está sangrando... ¿Qué te duele Justin?—me mira extrañado.
El tranquilizante va dando fruto.
"Vaya, vaya, vaya... Estás loco, el abdomen lo tienes genial. ¿Qué es lo que te ocurre?"—se burla de mí.
—Déjame en paz.—murmuro y mis lágrimas caen por mis mejillas.
—Justin, muchacho mírame.—miro a donde viene la voz, viendo al doctor.—Tiene la mirada perdida, hay que ir a hacerle unas pruebas.—le dice a alguien.
—Heather.—murmuro y al segundo noto como agarran mi mano.
—Estoy aquí.—la miro, a mi lado y agarrando mi mano con fuerza.—Te prometí nunca irme, aquí estoy. Tranquilo.—besa mi mano y me da una sonrisa, pero es forzada.—Justin, ahora te van a hacer unas preguntas, tienes que contestar a todo lo que te pregunten, ¿me entiendes?—asiento y se inclina hacia mí, para darme un beso en la frente.
·
—¿Qué voces?—pregunta curioso. Me encojo de hombros.
—Yo las llamo así, pero me dicen cosas feas. Algunas me dicen cosas bonitas.—juego con mis dedos.
—¿Qué te dicen?—me mira con su cejo fruncido.
—¿Las malas?—asiente.—Algunas veces, me asustan mucho. Pero la mayoría del tiempo me dicen que acabe con mi vida.—trago saliva.—Una vez, me dijeron que matara a Heather, y también a mi hermano. Pero yo no les hice caso, porque no quiero hacerle daño a la gente.—sacudo mi cabeza.
Me mira incrédulo y suspira.
—Nunca hagas lo que las voces te digan Justin. Nunca, ni aunque sea a ti quien quiera dañarte, ¿vale?—se levanta y viene hacia mí.—Esas voces son malas, y tú mismo tienes que aprender a controlarlas.
—Pocas veces puedo. Sólo puedo cuando quieren dañar a una persona que quiero.—suspiro.
—Pues empieza a quererte a ti mismo hijo. Tienes que aceptar que estás en este mundo por algo, la vida es un regalo, pero si levantas siempre con el pie izquierdo, tu vida será tu muerte.—esa frase queda grabada en mi mente, sin saber un porqué.
Narra Heather.
Justin entra en a la habitación de nuevo, con la ayuda de una enfermera. El doctor viene a los pocos minutos y suspira mientras sacude la cabeza.
—Heather... Justin padece esquizofrenia.—dice directo. Mi mundo cae al suelo de un golpe seco, dejándome anonadada.
—¿Qué? Pero, él no parecía esquizofrénico...—murmuro, trago saliva.
—Porque fingía demasiado bien. Necesita ayuda, ayuda profesional para tratar con esta enfermedad.—me dice serio.
—¿Lo quieren encerrar en un centro de locos?—pregunto horrorizada.
—No es un centro de locos Heather, ayuda a muchas personas.—me corrige.
—¡Lo que hacen es quitarles las ganas de vivir!—mi corazón disminuye por momentos.
Suspira y sacude la cabeza.
—Por favor, yo puedo informarme sobre la esquizofrenia y puedo tratarlo, puedo medicarlo yo.—ruego.
—Eres sólo una estudiante de psicología, es muy arriesgado.—dice dudoso.
—Me queda un año para terminar de sacarme la carrera. ¡Sé lo más importante! Por favor, no deje que lo metan en un centro.—me mira y asiente resignado.
—Pero deberá estar con él las veinticuatro horas del día. Si tiene algún cambio, lo tendrá que escribir, tienes que pasar noches con él por si las pesadillas, y así poder ayudar a controlarlas, ¿le queda claro?—asiento y sonrío.
—Muchísimas gracias doctor.—entro en la habitación y veo a Justin tumbado mirando atentamente el techo blanco.
—¿Por qué las habitaciones de hospital son tan sosas? Para los enfermos sería mejor colores vivos, ¿no crees Heather?—dice con voz tranquila. Voy hacia él y me hace un lado en la camilla, me tumbo ahí y miro el techo.
—Sí, los hospitales deprimen a cualquiera.—concuerdo con él.
—¿Qué te ha dicho el doctor?—noto su mirada sobre mía. No me atrevo a mirarlo.
—¿No te dijo nada?—digo con hilo de voz.
—No, sólo me dijo que tendría que controlar a las voces. Que no les hiciera caso, a las que dicen cosas feas.—lo miro esta vez y su mirada ahora está perdida, pero pocos segundos después, me está mirando fijamente a los ojos.
—Justin... Yo verás, no sé cómo decirte esto.—me incorporo y me quedo sentada en la camilla.—Sobre todo no te alteres, ¿vale?—frunce su ceño. Cierro los ojos, cogiendo aire y soltándolo poco a poco.—Justin eres esquizofrénico.—se me ponen los bellos de punta al decirlo.
Lo miro, y me mira tranquilo y sin expresión alguna.
—Ya lo sabía.—se encoge de hombros.—Desde pequeño, me di cuenta a los 14 años. Sí Heather, estoy loco, estoy como una puta cabra.—suspira y sacudo mi cabeza.
—No cariño, no estás loco. Esto es una enfermedad que se puede tratar y-
—Me vale cuatro mierdas que se pueda tratar. Nací así y así moriré, seguiré oyendo voces en mi cabeza. ¿Sabes lo que me dicen? ¿Lo quieres saber?—me quedo inmóvil ante su cambio de actitud.—"Mata a esa puta pelirroja. Ella es mala para ti, ¿crees que le importas? A nadie le importas violador de mierda."—dice esto con lágrimas en los ojos.
Un escalofrío recorre mi cuerpo de pies a cabeza.
—Justin-
—Cállate, tus voz angelical les molesta. No te quieren oír porque según ellas eres una puta entrometida.—su mirada ahora es oscura y su mandíbula está tensa.
—No dejes que te dominen.—me levanto de la camilla, apartándome de él.
—Tarde.—dice con voz de psicópata. Se quita la bata, quedando completamente desnudo. Me tapo los ojos.—Mírame Heather, mírame muñequita de porcelana.—la curiosidad mató al gato.
Lo miro y me llevo las manos a la boca al ver su costado izquierdo.
Los ojos se me llenan inmediatamente de lágrimas al ver su costado con la piel quemada.
Mi labio inferior tiembla y tengo miedo de preguntarle qué le pasó...
—Los cabrones de mis padres adoptivos. ¿Que no hacía lo que ellos querían? Me castigaban con cualquier cosa que fuese inhumano.—se vuelve a poner la bata y se tumba en la camilla, tapándose hasta arriba con la fina sábana.
Me acerco a él y oigo cómo llora en silencio.
—Justin.—lo llamo. Sacude su cabeza.
—Lo siento Heather, lo siento mucho.—se ahoga en su almohada, sin querer mirarme a la cara.
El corazón se me para unos segundos, llevo mi mano con cuidado a su cabeza y acaricio los mechones de su pelo rubio cobrizo.
—Nada de esto es tu culpa. Nada.—beso su cabeza y salgo de la habitación. Las lágrimas salen de mis ojos sin parar.
Y en mi cabeza sólo ronda una pregunta.... ¿Por qué él?
_
RT AQUÍ si quieres que te avise para el próximo capítulo.
Después de mil años, volví.... LO SIENTO.
Espero que os haya gustado, no sé, a mí esta novela me da mucha penita coño. Es que... uff Justin pobrecito cojones...
Si queréis el capítulo 8, necesito: mínimo 10 comentarios(Por twitter o por blog), 30 RT's y que votéis en las reacciones de abajo. Así que... ya sabéis.
Gracias por leer ♥♥♥
Donna
—¿Qué te ha dicho el doctor?—noto su mirada sobre mía. No me atrevo a mirarlo.
—¿No te dijo nada?—digo con hilo de voz.
—No, sólo me dijo que tendría que controlar a las voces. Que no les hiciera caso, a las que dicen cosas feas.—lo miro esta vez y su mirada ahora está perdida, pero pocos segundos después, me está mirando fijamente a los ojos.
—Justin... Yo verás, no sé cómo decirte esto.—me incorporo y me quedo sentada en la camilla.—Sobre todo no te alteres, ¿vale?—frunce su ceño. Cierro los ojos, cogiendo aire y soltándolo poco a poco.—Justin eres esquizofrénico.—se me ponen los bellos de punta al decirlo.
Lo miro, y me mira tranquilo y sin expresión alguna.
—Ya lo sabía.—se encoge de hombros.—Desde pequeño, me di cuenta a los 14 años. Sí Heather, estoy loco, estoy como una puta cabra.—suspira y sacudo mi cabeza.
—No cariño, no estás loco. Esto es una enfermedad que se puede tratar y-
—Me vale cuatro mierdas que se pueda tratar. Nací así y así moriré, seguiré oyendo voces en mi cabeza. ¿Sabes lo que me dicen? ¿Lo quieres saber?—me quedo inmóvil ante su cambio de actitud.—"Mata a esa puta pelirroja. Ella es mala para ti, ¿crees que le importas? A nadie le importas violador de mierda."—dice esto con lágrimas en los ojos.
Un escalofrío recorre mi cuerpo de pies a cabeza.
—Justin-
—Cállate, tus voz angelical les molesta. No te quieren oír porque según ellas eres una puta entrometida.—su mirada ahora es oscura y su mandíbula está tensa.
—No dejes que te dominen.—me levanto de la camilla, apartándome de él.
—Tarde.—dice con voz de psicópata. Se quita la bata, quedando completamente desnudo. Me tapo los ojos.—Mírame Heather, mírame muñequita de porcelana.—la curiosidad mató al gato.
Lo miro y me llevo las manos a la boca al ver su costado izquierdo.
Los ojos se me llenan inmediatamente de lágrimas al ver su costado con la piel quemada.
Mi labio inferior tiembla y tengo miedo de preguntarle qué le pasó...
—Los cabrones de mis padres adoptivos. ¿Que no hacía lo que ellos querían? Me castigaban con cualquier cosa que fuese inhumano.—se vuelve a poner la bata y se tumba en la camilla, tapándose hasta arriba con la fina sábana.
Me acerco a él y oigo cómo llora en silencio.
—Justin.—lo llamo. Sacude su cabeza.
—Lo siento Heather, lo siento mucho.—se ahoga en su almohada, sin querer mirarme a la cara.
El corazón se me para unos segundos, llevo mi mano con cuidado a su cabeza y acaricio los mechones de su pelo rubio cobrizo.
—Nada de esto es tu culpa. Nada.—beso su cabeza y salgo de la habitación. Las lágrimas salen de mis ojos sin parar.
Y en mi cabeza sólo ronda una pregunta.... ¿Por qué él?
_
RT AQUÍ si quieres que te avise para el próximo capítulo.
Después de mil años, volví.... LO SIENTO.
Espero que os haya gustado, no sé, a mí esta novela me da mucha penita coño. Es que... uff Justin pobrecito cojones...
Si queréis el capítulo 8, necesito: mínimo 10 comentarios(Por twitter o por blog), 30 RT's y que votéis en las reacciones de abajo. Así que... ya sabéis.
Gracias por leer ♥♥♥
Donna
Vale, necesito otro capitulo, venga no nos seas mala y sube otro capiulo jajajaaja tengo mucha intriga de saber lo q le pasara a Justin... espero ansiosa el siguiente, besooos.
ResponderEliminarMi Twitter: @big_mistake9